Punto y Aparte | México dejó de avanzar con el freno puesto

Punto y Aparte | México dejó de avanzar con el freno puesto

Durante muchos años, México aprendió a sobrevivir administrando sus problemas en lugar de resolverlos. Los gobiernos del PRI y del PAN prometieron modernidad, crecimiento y estabilidad, pero millones de mexicanos siguieron viendo cómo el desarrollo se concentraba solamente en ciertas zonas, mientras gran parte del país permanecía esperando oportunidades que nunca terminaban de llegar.

Se construyeron discursos.
Se maquillaron cifras.
Y durante demasiado tiempo, la política se acostumbró a gobernar desde la distancia.

Por eso el momento que vive hoy el país resulta distinto.

El segundo año del gobierno de Claudia Sheinbaum no representa un cambio improvisado ni una ruptura repentina. Representa la continuidad de un proyecto político que decidió poner nuevamente al Estado, la inversión pública y el bienestar social como piezas centrales del desarrollo nacional.

Y más allá de la polarización política, hay señales que comienzan a sentirse en distintas regiones del país.

México volvió a moverse.

Las inversiones siguen llegando.
La infraestructura continúa avanzando.
La industria se fortalece.
Los programas sociales permanecen.
Y sectores históricamente olvidados comienzan a recuperar protagonismo económico y territorial.

Porque durante años se habló de crecimiento económico mientras muchas familias seguían sintiendo abandono, inseguridad y desigualdad. Hoy la narrativa es distinta: el desarrollo busca sentirse más cerca de la vida cotidiana de la gente.

Lo que comienza a consolidarse en esta nueva etapa:

✔️ Continuidad de programas sociales que hoy forman parte de la estabilidad de millones de familias.

✔️ Impulso a obras estratégicas que fortalecen conectividad, comercio e infraestructura nacional.

✔️ Recuperación del papel del Estado en sectores clave como energía y desarrollo regional.

✔️ Mayor atención a regiones que durante décadas quedaron fuera de las prioridades nacionales.

✔️ Consolidación de nuevas inversiones y crecimiento industrial derivado del nearshoring.

✔️ Una visión de gobierno que apuesta por permanencia y no por reiniciar el país cada seis años.

Porque esa fue precisamente una de las grandes fallas de los viejos gobiernos: convertir la política en ciclos de borrón y cuenta nueva. Cada administración llegaba a desmontar lo anterior mientras el país acumulaba rezagos estructurales que terminaron explotando en desigualdad, violencia y pérdida de confianza institucional.

Hoy, con Claudia Sheinbaum, la apuesta parece distinta. No se trata solamente de mantener una narrativa política, sino de consolidar una transformación que continúe construyéndose desde infraestructura, bienestar social, inversión pública y fortalecimiento económico.

Claro que México todavía enfrenta enormes desafíos. La seguridad sigue siendo una deuda importante en algunas regiones. Existen presiones económicas internacionales y demandas sociales que requieren mayor velocidad y resultados. Pero incluso frente a esos retos, el país parece haber encontrado algo que durante mucho tiempo perdió: dirección.

Y en política, tener dirección también es una forma de esperanza.

Porque después de décadas donde muchos gobiernos administraron privilegios para unos cuantos, hoy millones de mexicanos sienten que el desarrollo nacional comienza a abrirse hacia sectores que antes solamente observaban el crecimiento desde lejos.

Quizá ahí radica el verdadero cambio de esta etapa política: México dejó de avanzar con el freno puesto.

Punto y Aparte

Los países no se transforman solamente cambiando de gobierno. Se transforman cuando cambian las prioridades de quienes toman las decisiones.
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